EXTENSIÓN CONTEMPLATIVA MÉXICO NORTE
 
EN EVENTOS CONSULTA LOS DETALLES DE LAS VISITAS DE FR. THOMAS KEATING O.C.S.O. Y SR. MARY MARGARET FUNK OSB A MONTERREY, MÉXICO
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

LAS TENTACIONES EN EL DESIERTO

POR EL P. THOMAS KEATING

DEL LIBRO EL MISTERIO DE CRISTO

 

El tiempo de Cuaresma es la época en que la iglesia entera entra en un retiro extenso. Jesús se fue al desierto durante cuarenta días y cuarenta noches. Tomar parte activa y observar la Cuaresma es una participación en la soledad, en el silencio y en las privaciones de Jesús.

Los cuarenta días de Cuaresma enfocan a una tradición bíblica. Que comienza en el Diluvio, en el camino de Elías al Horeb, en la travesía por el desierto del pueblo judío hacia la Tierra Prometida. El desierto bíblico es considerado ante todo un lugar de purificación, un lugar de tránsito. El desierto bíblico es, no tanto un sitio geográfico como tal, con arena, rocas y maleza, sino un proceso de purificación interior que culmina en la liberación del sistema del falso yo con sus programas de felicidad inservibles que no funcionan.

Durante la Cuaresma nuestra labor consiste en enfrentarnos con estos programas de felicidad y desprendernos de ellos. Los pasajes de la Biblia que se leen durante esta época junto con el ejemplo que nos da Jesús, nos dan ánimo para luchar por nuestra liberación interior y por nuestra conversión.

Jesús nos liberó de las consecuencias de nuestros programas de felicidad cuando loas experimentó en carne propia. Jesús aparece en el desierto como el representante de la humanidad entera. Sufre en carne propia la experiencia de los dilemas humanos en la más cruda intensidad.

Jesús en el desierto es tentado por los instintos primitivos del ser humano. Primero es atacado en la necesidad de seguridad y supervivencia: “Si eres el Hijo de Dios, ordena que estas piedras se conviertan en pan”. Su respuesta es que Él no es el que debede preocuparse por protegerse y salvarse; es problema se Su Padre, que tiene que proveer lo necesario para Él: “No solo de pan vive el hombre sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios”.

Segunda tentación, desde el alero del templo: “Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: ‘A sus ángeles te encomendará, y en sus manos te llevarán, para que no tropiece tu pie en piedra alguna’ “. Lo que le está diciendo en otras palabras es que si Jesús verdaderamente es el Hijo de Dio, que manifieste su poder con algo milagroso. Esta tentación es la de obtener fama, amor, admiración. El afecto y la estima constituyen el centro de gravedad del segundo centro de energía. Todo mundo necesita una cierta dosis de aceptación y respaldo. La respuesta de Jesús es: “No tentarás al Señor tu Dios”. Lo que quiere decir es que por mucho que Dios nos haya dado pruebas de Su amor sin límites, no podemos obtener la salvación por nuestros propios medios.

El tercer centro de energía es el deseo de controlarlo todo y de dominar a los demás, la tercera tentación está dirigida a este centro, desde un monte muy alto le muestra todos los reinos del mundo y su gloria: “Todo esto te daré si postrándote me adoras”. La tentación de adorar a Satanás a cambio de símbolos de poder ilimitado es el último esfuerzo del falso yo para lograr inmortalidad e invulnerabilidad por sus propios medios. Jesús responde: “Apártate Satanás, porque está escrito: ‘Al Señor tu Dios adorarás, y solo a Él darás culto’ “. Adorar a dios es el antídoto para el orgullo y para la codicia del poder. El camino de la verdadera felicidad es servir a los demás, no dominarlos.

Vemos entonces que Jesús por amor a nosotros, experimentó personalmente las tentaciones dirigidas a los tres centros de energía. En cada Cuaresma Él nos invita a que nos unamos a Él en el desierto y compartamos con él las pruebas a que se vio sometido. El objeto final de la observación de la Cuaresma es liberarse totalmente del sistema del falso yo. La meta de este proceso culmina el día de la Pascua de Resurrección. La más importante de todas las observaciones durante la Cuaresma es confrontar el falso yo. El ayuno, la oración y la limosna están al servicio de este proyecto. A medida que desmantelamos nuestros programas emotivos de felicidad, se van venciendo los obstáculos a la vida de Jesús Resucitado y nuestros corazones estarán preparados para recibir la infusión de Vida Divina que nos trae la Pascua de Resurrección.