EXTENSIÓN CONTEMPLATIVA MÉXICO NORTE
 
EN EVENTOS CONSULTA LOS DETALLES DE LAS VISITAS DE FR. THOMAS KEATING O.C.S.O. Y SR. MARY MARGARET FUNK OSB A MONTERREY, MÉXICO
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

LA CUARESMA Y LA CONDICIÓN HUMANA

POR EL P. THOMAS KEATING

DEL LIBRO EL MISTERIO DE CRISTO

 

La Pascua de Resurrección, con su gracia de resurrección interior, es la sanación radical de la condición humana. La Cuaresma que nos prepara para esta gracia, trata lo que necesita sanación.

La enfermedad es el sistema delfalso yo o sea la acumulación de los programas emotivos de felicidad que fueron iniciados en la tierna infancia y que se expandieron hasta llegar a ser centros de energía alrededor de los cuales giran los pensamientos, sentimientos, reacciones, manera de pensar, motivación y comportamiento de cada uno.

En lugar de hacer una evaluación constructiva de nuestros programas emotivos de felicidad, nuestras facultades racionales los justifican, los razonan y hasta los glorifican. Jesús se dirige precisamente a ese dilema de la humanidad, cuando en la temporada litúrgica de Cuaresma proclama: “Arrepentíos que el Reino de Dios está aquí”.

La palabra “arrepentirse” significa cambiar la ruta donde se está buscando la felicidad. El llamado al arrepentimiento es una invitación para que reconozcamos nuestros programas de felicidad basados en necesidades instintivas y cambiarlos. Este es el programa fundamental de la Cuaresma, año tras año se inicia y se lleva a cabo el proceso de conversión. La culminación de este proceso es la experiencia de la resurrección interior que se celebra en el Misterio de la Pascua de Resurrección y la Ascensión.

La liturgia de Cuaresma comienza con las tentaciones de Jesús en el desierto, que se dirigen a las tres áreas de necesidades instintivas que todo ser humano experimenta durante su crecimiento. Jesús es tentado a que recurra a la magia, un símbolo de seguridad para satisfacer su apetito carnal, en lugar de recurrir a Dios; a tirarse del pináculo del templo que le daría fama de milagroso y a postrarse y adorar a Satanás con el fin de recibir en recompensa el poder absoluto sobre todas las naciones del mundo. Seguridad, admiración, poder- estas son las tres áreas donde las tentaciones típicamente atacan nuestros programas falsos de felicidad.

Cuando oímos el llamado de Cristo y nos decidimos a seguir sus huellas, muy pronto vamos a descubrir que aquellos programas que creemos que nos van a traer felicidad son totalmente opuestos a la escala de valores contenida en el Evangelio que deseamos adoptar. El sistema delfalso yono se desploma inerte cuando se lo exigimos, Pablo describe su experiencia en la epístola a los Romanos 7, 18-24:

“Pues bien sé yo que nada bueno habita en mí, es decir, en mi carne; en efecto, querer el bien lo tengo a mi alcance, mas no el realizarlo,puesto que no hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero. Y, si hago lo que no quiero, no soy yo quien lo obra, sino el pecado que habita en mí. Descubro, pues, esta ley: aun queriendo hacer el bien, es el mal el que se me presenta.Pues me complazco en la ley de Dios según el hombre interior, pero advierto otra ley en mis miembros que lucha contra la ley de mi razón y me esclaviza a la ley del pecado que está en mis miembros.¡Pobre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo que me lleva a la muerte?”

La batalla entre el viejo yo y el nuevo yo es un tema constante en el Nuevo Testamento.

El Evangelio nos invita a que nos responsabilicemos totalmente de nuestra vida emotiva. Tenemos la tendencia de culpar a otras personas o a circunstancias exteriores por el torbellino que experimentamos, cuando en verdad las emociones aflictivas mismas nos comprueban que el problema lo llevamos adentro.Si no nos responsabilizamos de nuestros programas equivocados de felicidad en el ámbito de nuestro subconsciente y tomamos medidas para cambiarlos, nos van a dominar hasta el fin de nuestras vidas. Mientras estos programas estén funcionando dentro de nosotros, nos impedirán oír los gemidos de los demás pidiendo ayuda, puesto que los filtramos a través de nuestras propias necesidades emotivas, reacciones y valores preconcebidos. Ninguna cantidad de estudios teológicos, espirituales o litúrgicos podrán sanar el sistema del falso yo, porque mientras nuestros programas emotivos estén firmemente arraigados, escabullirán los estudios con gran facilidad.

El corazón del ascetismo cristiano –y la labor de la Cuaresma- es enfrentarse con los valores inconcientes que están ocultos detrás de los programas emotivos y cambiarlos. De ahí la necesidad de la oración contemplativa.