
SANTO DOMINGO
Nació en Caleruega (Burgos)
a finales de 1171. Su padre, Félix de Guzmán, era
noble acompañante del Rey. Su madre era la Beata Juana
de Aza de quien Domingo recibió su educación primera.
Cuando tenía seis años fue entregado a un tío
suyo, arcipreste, para su educación literaria. A los catorces
años fue enviado al Estudio General de Palencia, el primero
y más famoso de toda esa parte de España, y en el
que estudiaban artes liberales, es decir, todas las ciencias humanas
y sagrada teología. El joven Domingo se entregó
de lleno al estudio de la teología. Una gran hambre sobrevino
a toda aquella región de Palencia. El corazón de
Domingo no comprendía como a él no le faltaba nada
y estuviese rodeado de valiosos códices y libros, mientras
otros carecían de lo indispensable para vivir. Pronto fue
entregando todo su ajuar a los pobres. En los oídos de
Domingo martilleaban las palabras del maestro: "Un mandamiento
nuevo os doy, que os améis los unos a los otros como yo
os he amado,,. Un día llegó a su presencia una mujer
llorando amargamente y diciendo: "Mi hermano ha caído
prisionero de los moros". A Domingo no le queda ya nada que
dar sino a sí mismo, decide venderse como esclavo para
rescatar al desgraciado por el cual se le rogaba. Este acto de
Domingo conmovió a Palencia; el Obispo de Osma, don Martín
Bazán, que andaba buscando hombres notables para el Cabildo,
rogó a Domingo aceptara en su catedral una canonjía.
Tenía Domingo 24 años cuando aceptó la canonjía.
Poco después, al cumplir la edad canónica de veinticinco
años, fue ordenado sacerdote. El Rey Alfonso VIII había
encargado al Obispo de Osma, en 1203, la misión de dirigirse
a Dinamarca a pedir la mano de una dama de la nobleza para su
hijo Fernando. El Obispo acepta y como compañero de viaje
lleva a Domingo. Al pasar por Francia, Flandes, Renania e Inglaterra,
Domingo quedo profundamente dolorido al ver que había grandes
herejías. Los cátaros, los valdenses o pobres de
Lyón, y otras herejías, procedentes del maniqueísmo
oriental, lo llenaban todo e incluso tenían Obispos propios.
Negaban todos los dogmas católicos, la unicidad de Dios,
la Redención por la Cruz de Cristo, los Sacramentos, etc.
En respuesta a todo esto, en 1207, empieza una nueva etapa de
la vida de Domingo, con algunos compañeros, entre ellos
su propio Obispo de Osma, se entrega de lleno a la vida apostólica,
viviendo de limosnas, que diariamente mendigaba, renunciando a
toda comodidad, caminando a pie y descalzo, sin casa ni habitación
propia en la que retirarse a descansar, sin más ropa que
la puesta, comprendiendo la necesidad de instruir a aquellas gentes
incultas que arrastraban las herejías, determinó
que su Orden fuera una Orden de predicadores, dispuestos a recorrer
pueblos y ciudades para llevar a todas partes la luz del Evangelio.
Funda diversos centros de apostolado en todo el sur de Francia.
Pero reconociendo que para combatir las herejías era necesario
una buena formación teológica, busca un buen Doctor
en teología que diera clase todos los días, pues
consideraba que, para ser buenos predicadores, primero debían
ser buenos maestros. Más tarde, uno de sus discípulos
en la orden sería la lumbrera más grande que haya
tenido la iglesia universal: Santo Tomás de Aquino. Santo
Domingo fue un gran amigo de San Francisco de Asís, a quien
visito y abrazó efusivamente. Santo Domingo poco después
dio vida a la rama femenina conocida como la Orden Dominicana.
La misión de los Dominicos es predicar para llevar almas
a Cristo. Es el mandato misionero del maestro antes de subir a
los cielos. El nos encargó a todos los bautizados la obligación
de predicar. Domingo fue el hombre elegido para predicar la verdad
contra el error. La misión encontró grandes dificultades
pero la Virgen vino a su auxilio. Estando en Fangeaux una noche,
en oración, tiene una revelación donde, según
la tradición, la Virgen le revela el Rosario como arma
poderosa para ganar almas. Esta tradición está respaldada
por numerosos documentos pontificios. El 21 de enero de 1217,
el Papa Honorio 111 aprobó definitivamente la obra de Domingo,
la Orden de los predicadores o Dominicos. En 1220 la herejía
de los cataros y albigenses se había extendido por Italia.
El Papa Honorio 111 determina una gran misión, pero en
vez de poner al frente de ella algún Cardenal, encomendó
la dirección a Domingo, que se entregó a la Misión.
Murió el 6 de agosto de 1221 y fue canonizado por Gregorio
IX en 1234.