
BEATO HERMANO RAFAEL
Rafael Arnáiz Barón
nace en Burgos (España) el nueve de abril de 1911, y
allí vive sus primeros años. Es el primogénito
de los cuatro hijos de una familia enriquecida por hondas convicciones
cristianas, que calarán profundamente en la personalidad
del propio Rafael. Se educa en colegios dirigidos por la Compañía
de Jesús, tanto en Burgos como en Oviedo, ciudad a la
que se trasladó su familia en 1922, por exigencias profesionales
de su padre. Al llegar a la adolescencia, se revela en Rafael
una notable riqueza humana, intelectual y espiritual, que se
manifiesta en su talante personal abierto y positivo, y en su
profunda sensibilidad que se va desarrollando en inquietudes
y en contacto con la naturaleza, la pintura y las demás
artes. La armónica integración en su personalidad
de este conjunto de elementos con la visión y el sentido
cristiano de la vida y de la realidad, hacen cristalizar en
él, aún después de haber iniciado la carrera
de arquitectura, la vocación monástica cisterciense,
por la que opta - según sus propias palabras -: "siguiendo
los dictados de su corazón hacia Dios, y el ansia de
llenarse de Él". Así ingresó en el
monasterio cisterciense de San Isidoro de Dueñas, el
15 de enero de 1934, presentando como único bagaje personal
"un corazón muy alegre y con mucho amor a Dios".
A partir de entonces parece como que el proceso personal de
Rafael se precipitara: sólo le quedan cuatro años
de vida, pasados en temporadas alternativas entre la casa familiar
y la comunidad monástica, a causa de una diabetes sacarina,
manifestada repentinamente a los cuatro meses de su ingreso.
La enfermedad le obligó a dejar el noviciado y marcó,
con su evolución, las distintas salidas y reingresos,
que ponen en evidencia la firmeza de su convicción vocacional
y la generosidad de su entrega, hasta morir en la enfermería
del monasterio el 26 de abril de 1938. Pese a la brevedad y
el particular desarrollo de su vida y vocación, y como
si su evolución espiritual se hubiera realizado a presión
debido a esa misma brevedad y a las circunstancias excepcionales,
Rafael aparece como la realización plena de la gracia
vocacional cisterciense: polarizado por Dios, como lo refleja
su expresión característica: "¡ Sólo
Dios !" Rafael es testigo y testimonio de la trascendencia
y de lo absoluto de Dios. No tanto de un Dios del que se saben
muchas cosas, cuanto un Dios experimentado en la propia vida
como Amor absoluto. La única aspiración de la
existencia de Rafael fue "vivir para amar": amar a
Jesús, amar a María, amar la Cruz, amar su querido
monasterio. Esta es la nota sobresaliente de su personal y rica
espiritualidad. Su propio sufrimiento, aceptado como gracia
de Dios, fue el despojo final que expresó este amor y
lo purificó, al preparar a Rafael para la visión
definitiva de Dios. El Hermano María Rafael fue proclamado
por el Papa Juan Pablo II como modelo para todos los jóvenes
del mundo y, el 27 de septiembre de 1992, fue declarado Beato
por el mismo Papa. Hoy sus escritos están traducidos,
de forma total o parcial, al francés, inglés,
alemán, japonés, portugués y polaco. Dentro
de la abundante bibliografía sobre su figura y escritos,
destacan: - Vida y escritos (Ed. Perpetuo Socorro. Madrid).
- Obras Completas (Ed. Monte Carmelo. Burgos). Y entre los estudios
sistemáticos de su figura y espiritualidad: - El deseo
de Dios y la ciencia de la Cruz: Aproximación a la experiencia
religiosa del Hermano Rafael (Desclée. Bilbao, 1996),
de Antonio Mª Martín Fernández-Gallardo,
monje cisterciense de San Isidoro de Dueñas.